Se viene noviembre y con él un viento frío, un viento que bien conozco, un viento al que aún no me acostumbro. Algo tienen el aire y la temperatura de estas fechas que me hacen entristecer más de lo normal. El corazón me da un vuelco y remembranzas me atacan de todas direcciones, dejándome abatido. Y precisamente en ese instante donde quedo más vulnerable es que cavilo sobre lo que ocurre.
Los errores y aciertos que uno comete van dándole dirección a la trayectoria de la vida propia, a veces volvemos a puntos ya recorridos y nos estancamos, pero nuestra propia naturaleza de seres semovientes es la que nos impulsa a seguir avanzando hacia el inevitable encuentro con el destino que hemos elaborado, pero inevitables son también los dolores y culpas que estrujan el corazón, las ausencias, el frío y la desazón.
He de confesar que he encontrado práctico el escudarme en máscaras y disfraces para guardarme del mundo, pero hay un dicho que reza sabiamente que aun cuando el aspecto físico se transforme, la naturaleza del ser permanecerá sin transformar, haciendo completamente inútil el proceso de cambio. Por eso, aunque siga engañando la vista y oído de mis congéneres al hacerles creer que me encuentro perfectamente equilibrado, mi universo interno seguirá al borde del colapso.
Reconozco que he cambiado, he exterminado mis propias emociones, he silenciado lentamente al corazón… por ello lo áspero y frío, por ello lo críptico y esquivo, por ello lo triste y solo. Pero el mundo no escucha el escándalo del alma al rasgarse, no observa la esencia debajo del antifaz, no se preocupa en demasía de un individuo más que sume su persona en melancolía, nadie se entera…
Noviembre mío
Triste, amargo
Incoloro, frío
Imagen tomada de: aquí.
Los errores y aciertos que uno comete van dándole dirección a la trayectoria de la vida propia, a veces volvemos a puntos ya recorridos y nos estancamos, pero nuestra propia naturaleza de seres semovientes es la que nos impulsa a seguir avanzando hacia el inevitable encuentro con el destino que hemos elaborado, pero inevitables son también los dolores y culpas que estrujan el corazón, las ausencias, el frío y la desazón.
He de confesar que he encontrado práctico el escudarme en máscaras y disfraces para guardarme del mundo, pero hay un dicho que reza sabiamente que aun cuando el aspecto físico se transforme, la naturaleza del ser permanecerá sin transformar, haciendo completamente inútil el proceso de cambio. Por eso, aunque siga engañando la vista y oído de mis congéneres al hacerles creer que me encuentro perfectamente equilibrado, mi universo interno seguirá al borde del colapso.
Reconozco que he cambiado, he exterminado mis propias emociones, he silenciado lentamente al corazón… por ello lo áspero y frío, por ello lo críptico y esquivo, por ello lo triste y solo. Pero el mundo no escucha el escándalo del alma al rasgarse, no observa la esencia debajo del antifaz, no se preocupa en demasía de un individuo más que sume su persona en melancolía, nadie se entera…
Noviembre mío
Triste, amargo
Incoloro, frío
Imagen tomada de: aquí.


















3 comentarios:
Peter
Tocas temas que me tocan muy de cerca; uno de ellos, el referente a ocultarnos tras las mascaras protectoras.
Es posible que para algunos ese caparazón les funcione bien, no estoy segura que perennemente, pero igual si pueden transitar por la vida siempre a salvo de los daños exteriores y logran impedir que los demás vean sus debilidades; esconden y/o disfrazan sus miedos tan bien... que hasta ellos creen en su actuación. Pero hasta la coraza más gruesa y fuertemente blindada tiene sus límites: no puede protegernos de nosotros mismos; uno puede mostrarse ante los otros como el ser más seguro e impenetrable, pero en el fondo sabe que solo se trata de una mera simulación y que mientras los demás ven esa faz prefabricada, en su interior las cosas son muy distintas; opuestas en muchas ocasiones. Uno puede pretender que engaña a los demás -y hasta cierto punto, insisto-, pero no puede engañarse a si mismo o al menos no eternamente... ¿o si?
Un abrazo con viento frío de este noviembre otoñal
Si esos disfracez que envuelven al dolor..y las epocas finales que nos muestran que otro año ya paso trae cierta melancolia..pero puedo prestarte un disfraz muy lindo que guardo para estas frias epocas..se llama esperanza es verde como la primavera, solo habra que quitarle el polvo y aunque nos quede apretado hay que usarlo..
Animo Peter disfruta la temporada fria y vuelvela un llama de fe!!
Besos..todos.
Marichuy: Lo más difícil de todo esto es aceptar en primera instancia que uno es el que promueve este comportamiento, pero en todo caso, cada uno tiene razones que le impulsan a actuar así, y todas ellas son válidas por más bizarras que parezcan.
"El peor enemigo de uno, es uno mismo", nada nos salva de nuestra persona.
Abrazos grandes para estos fríos. =)
Sin Rastro: La esperanza hace reverdecer todo hasta en lo más crudo y gélido del invierno... agradezco tus muestras de apoyo y calidez.
Besos y abrazos, amiga mía. =D
Publicar un comentario en la entrada