Tengo el alma en harapos, la mente desnuda y estática, la piel cascada y fría, el ser fragmentado. Se refleja mi naturaleza en el espejo obscuro, las facciones cambian a ritmos vertiginosos, las pesadillas se sublevan y se arma el alboroto, la bastilla mental se derruye cada segundo transcurrido… guillotinan la esperanza, el seso, la razón, el ser… el caos fulge, la muerte es inevitable.
La atalaya donde observo el cataclismo es sacudida por impactos de bombarda, de todos lados llueve fuego, no hay escapatoria… la demencia avanza y me abraza violentada, intento ver su rostro mas me es esquiva, aráñole el fino velo que ocluye su faz y horrorizado contemplo, un perfecto círculo negro y vacío… sangran mis manos, mi piel suda, exudo el alma doliente, carcasa mi cuerpo, habitáculo profano para el espectro.
De nada sirve la fortaleza al ataque fortuito, la ferocidad torna al individuo en combustible, flamas abrasan los muros, trogloditas y monstruos se cuelan por las grietas y agujeros… sucumbe la paz, en hecatombe es ofrecida.
Y en monocromías y monotonías se cuaja la amargura, la insalubridad, la insipidez… ¿es el exilio el camino más fácil? Bajo estas circunstancias viene el alma y recrimina el por qué de su abandono, pero la estupidez no permite formulaciones de sesuda complejidad, e involucionado uno sólo atina a regirse por el animal instinto. Aislados, alienados, atemporales y en constantes guerras internas, no se sabe si la luz tronchada algún día vuelve a brillar.
Abandonos, desérticos parajes, tumbas de sal y arena, espeluznantes mausoleos de cimas piramidales, hórridos paisajes los camposantos submarinos, arañas y telarañas de mortal toxicidad… cuando el raciocinio escapa y los desequilibrios presiden, Fobos y Deimos visitan.
Una habitación de sombras espesas, un haz de luz violando su pulcritud, una silla de madera apoyando mi cuerpo, debajo de mis pies un mar inmenso… uno, tres, cinco, siete, diez… gigantescos ojos de irises policromados me observan fijamente, tornados de carcajadas burlescas me atrapan, huracanes de represión, sequías de llanto… marchita mi vista y quedo ciego… atormentándome el tinnitus, quedo sordo… desprendiéndoseme la lengua y huyendo a la obscuridad, enmudezco… ¿es ésta la sabiduría absoluta?
Imagen tomada de aquí.